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domingo, 15 de abril de 2012

Gloriosa Gaceta del Mester - Numero extraordinario

Gloriosa Gaceta del Mester


Numero Extraordinario


        El Incierto origen de Colón

Ejemplar monográfico



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La Institución Libre de Enseñanza versus Glorioso Mester

La Institución Libre de Enseñanza versus Glorioso Mester

Por Javier Leralta García
Escritor, Periodista, Miembro del Glorioso Mester.


“A la hora del crepúsculo es cuando más enamora la llanada”
Ciro Bayo


E
pasado 19 de noviembre tuve el honor de recibir el Premio Glorioso 2011 por el libro La Leyenda Negra en los personajes de la historia de España, una obra que intenta buscar la complicidad del lector con la historia más negra de nuestro país a través de dos placeres, el de la lectura y el del viaje. Creo que solo así se puede entender el pasado. Tal vez esta apuesta novedosa de combinar la narración literaria con las propuestas viajeras ha sido clave para recibir el glorioso galardón.

En las breves palabras de agradecimiento que pronuncié al recoger el diploma, me acordé del trabajo realizado por la Institución Libre de Enseñanza porque gracias a ellos muchos madrileños pudieron descubrir los valores de Castilla y de la España interior. Aquella labor pedagógica me recordó mucho a la que realiza desde hace años el Glorioso Mester de Picardía Viajera, un grupo de amigos enamorados de los campos góticos de Unamuno, de las tierras románicas del Camino de Santiago y de los campos de alondras y avutardas de la vieja Castilla. A estos fanáticos del turismo interior les da lo mismo una piedra visigótica que una encina milenaria, un convento cisterciense que un puente medieval.

Ellos van a lo suyo, en busca del conocimiento, a emborracharse del paisaje de nuestra tierra más cercana. Y esa misma doctrina fue el manual de estilo de la Institución Libre de Enseñanza, unos hombres de letras que defendieron la teoría y la práctica al mismo tiempo, con un libro en una mano y una lupa en la otra. La historia, como la geografía, la geología, la botánica, la micología o el arte, hay que estudiarla fuera de las aulas, en el campo, en las plazas mayores, en los claustros, en las montañas. También en una posada o en una taberna, por qué no. Mirando, observando, anotando, leyendo y escuchando es como se aprende la lección de nuestra tierra, así de fácil.

El malagueño Francisco Giner de los Ríos fue el principal artífice de aquel método revolucionario que tambaleó las estructuras de la instrucción pública del país a finales del siglo XIX y principios del XX.

 En aquella hermosa aventura le acompañaron insignes humanistas de la talla de Bartolomé Cossío, Casiano del Prado, Bernaldo de Quirós, Fernández Zabala, José Ibáñez Marín, todos ellos amigos de inquietudes cuya huella dejaron escrita en diferentes lugares de la sierra de Guadarrama que honran su memoria intelectual y su amor por la naturaleza. Los conocimientos que adquirían los alumnos en las aulas los ponían en práctica en el campo y así tenían la oportunidad de escuchar el canto de un carbonero, de ver los vuelos de un águila real o de una Parnasius Apollo,  de pisar una falla caliza o de oler el perfume que desprende un campo de lavandas y tomillos en plena efervescencia primaveral. Ellos sacaron la escuela a la calle como una continuación del ciclo académico, es decir, la formación total.

Aquella forma de entender el placer de la enseñanza fue importada por los hombres de la Generación del 98 que encontraron en los viajes y en la descripción de los lugares y personajes magníficos argumentos para sus obras. Pío Baroja, Miguel de Unamuno, Azorín, Ciro Bayo y Antonio Machado, entre otros, trasladaron sus vivencias viajeras a la literatura universal. Me acuerdo ahora de obras tan gloriosas de nuestras letras como Camino de Perfección, Soledades, La Ruta de Don Quijote, Campos de Castilla, San Manuel Bueno, Mártir y muchas más donde se fomenta el paisaje y el paisanaje.

Más tarde, casi un siglo después, aquellas enseñanzas fueron recuperadas por un grupo de amigos del turismo que se hacen llamar Glorioso Mester de Picardía Viajera. A ella pertenezco con mucho honor y gratitud. 
 
Más información: www.fundacionginer.org


El fin de la Tierra

El fin de la Tierra

José Antonio González Pereira – Glorioso Mester



Costa de la Muerte… Costa da Morte.  Hay que pronunciarla, al menos por primera vez, su nombre en gallego, si queremos que esas dos palabras conserven toda su rotunda resonancia.  Y fatal belleza. Magia, terror, encanto, misterio. Suenan como el eco del sonido de una piedra lanzada contra el fondo oscuro e imprevisible de una caverna, en la que podemos imaginarnos la existencia de polifemos y animales monstruosos de tesoros perdidos o paraísos soñados.

Costa da Morte, Costa de la Muerte. Justifican su nombre los innumerables náufragos que, desde que el hombre navega el Atlántico y en una zona de intenso tráfico marítimo, han presenciado sus aguas, en los bajíos próximos a sus acantilados o a sus playas inmensas y solitarias. Pero no solo mueren allí sus barcos. Muere también cada día el Sol, y es al norte de Fisterra y al sur de Muxía, en el Cabo Touriñán  donde contemplamos el atardecer más largo de Europa. Una creencia que aparece ya documentada en la antigüedad clásica, y que en nuestra memoria colectiva evoca la imagen de una tierra remota en la que termina el mundo y comienza el “mar tenebroso”. Por el mar llegó Noé, que daría su nombre a Noya, y el cuerpo del Apóstol Santiago, y la Señora, e incluso en Santo Cristo de Fisterra, Santo da barba dourada.

Cualquier texto de geografía gallega nos explicará que Costa da Morte o Arco de Fisterra para los expertos, abarca el litoral atlántico comprendido entre los cabos de San Adrián, al norte, y el de Finisterre, al sur.

Por la ruta más corta, los separan menos de cien kilómetros, pero serían más de trescientos si esa ruta bordease el litoral. Entre ambos extremos, Finisterre en el municipio de Cee, y San Adrián, en el de Malpica de Bergantiños, son de alguna forma tributarios de la costa hasta un centenar de núcleos urbanos y rurales, entre los que sobresalen por su importancia los de Corme, Ponteceso, Cavana, Laxe, Camariñas o Muxía. Importante por su producción pesquera, que normalmente su consumo se queda en el litoral, y con un atractivo creciente como meta de las nuevas rutas turísticas.

Gloriosa Gaceta del Mester - Abril 2012


Gloriosa Gaceta del Mester


El encanto de las rutas más secretas.



Gloriosa Gaceta del Mester. Ejemplar Abril 2012

Revista de Turismo de Interior y cultural de difusión gratuita.

Pionera de Turismo en España en formato digital


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Los pirineos desde el aire

http://youtu.be/8UYLeww3LSM
Documental sobre el Pirineo aragonés.

sábado, 14 de abril de 2012

La importancia del corte de jamón


La importancia del corte de jamón

POR JESÚS GARCÍA Y JIMÉNEZ


Para degustar una buena paleta ibérica, o un buen jamón ibérico, es recomendable el corte mano, en lonchas muy finas, casi transparentes, que funden en el paladar, liberando y dispersando todo su aroma y sabor.
 Las lonchas deben presentar un aspecto brillante. Los bordes deben estar siempre limpios de corteza para evitar un sabor rancio. Según los expertos, cortando el jamón a máquina, éste pierde una parte de su exquisito sabor y de su aroma; la velocidad de las cuchillas deteriora la calidad de la loncha, a pesar de hacerla  uniforme

En charcuterías y establecimientos de venta de jamón ibérico, es posible obtener cortes a máquina de piezas de jamón deshuesadas. No obstante, la sabiduría popular dicta que el buen jamón debe cortarse a cuchillo para que los cortes tengan unas cualidades organolépticas óptimas para su consumo.

Más allá de la plasticidad del espectáculo del cortador pelando, cortando y presentando el jamón de la forma tradicional, al jamón cortado a máquina se le atribuyen pérdidas en el aroma y en las características aportadas por la grasa al conjunto, derivadas del calentamiento provocado por el rozamiento de la cuchilla de corte sobre la superficie del jamón.

En cualquier caso, el corte a cuchillo forma parte indiscutible del disfrute en la degustación del jamón ibérico de alta calidad.

No es de recibo entrar en una charcutería de estas de precios soberbios que se denominan gourmet delicatesen y demandes una cantidad de jamón ibérico de precio superior a los 50€ kg y se empeñen en cortártelo a máquina.

En más de una ocasión he tomado la puerta dejando al dependiente con la pieza en la mano. Si es “inmoral” deshuesar un jamón de “pecado mortal” se convierte cuando se corta con la endiablada cuchilla circular; máximo si hasta el charcutero de la tienda de la esquina te lonchéa a mano piezas de 12 € Kg.

Con el jamón no caben modernos experimentos para poder alcanzar la plenitud de su sabor.

Se ha puesto de moda calentar los platos para que el jamón suelte mas aroma y eso es una barbaridad porque lo único que consiguen es que la grasa se quede pegada al plato y si rebañas con un trozo de pan este está de miedo, pero las lonchas de jamón se quedan como esparto.

Y para rematar faena les dejo en mano de un portal instructivo:
Buen provecho
Nuestro agradecimiento a los grandes amigos de jamones Julián Martín de Guijuelo que nos han demostrado el arte de cortar un buen jamón-