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martes, 19 de febrero de 2013

Baeza y Úbeda, entre un océano de olivos

POR JESÚS GARCÍA Y JIMÉNEZ
Redactor Gloriosa Gaceta del Mester

Desde que el pasado mes de junio se inauguraba el túnel de Despeñaperros en dirección Sur de la A 4, con casi 5 Km de nueva calzada de dicha autovía, además de la solicitada seguridad el tiempo en recorrerlo se ha reducido a mucho más de la mitad, en el mejor de los casos, y aunque ha privado al viajero contemplativo de las espeluznantes vistas de los cortados de los conocidos Los Órganos, aquel lugar y aledaños que fue testigo presencial de aquella dura batalla del 16-7-1212, donde las huestes cristianas jugaron un importante papel contra las taifas capitaneadas por el califa almohade Muhammad An-Nasir y que ellos llamaron Batalla de Al-Uqab (معركة العقاب).
Tras haber recorrido algún kilómetro más nos abandonamos dicha autovía, y tomamos otra que cuando llegué el momento de su terminación (que parece que va para largo) acercarnos hasta Baeza o Úbeda nos parecerá que las han mudado de sitio, acercándolas en el mapa.
A nuestra derecha las cumbres todavía nevadas del Parque Natural de Sierra Mágina y así como por encantamiento hemos llegado a la mágica hora del mediodía a la monumental Ciudad de Úbeda. Y como suele suceder en estas rancias ciudades, y al no permitirlo el trazado de su casco antiguo, el autobús nos deja algo distantes del hotel donde montamos el real; en este caso hemos elegido el Hotel Rosaleda de Don Pedro, muy aceptable, con un sobresaliente a la amabilidad del servicio que contribuye enormemente a la estancia del viajero.

De otras ocasiones, de esto hace algunos años, nos quedamos maravillados de la generosidad de las “tapas” de sus bares y tabernas, pero al parecer de algún modo les han llegado esos “recortes sociales” que las han dejado en el recuerdo, al menos esta ha sido nuestra reciente experiencia.
Una excelente temperatura, para ser un 16 de febrero, nos invita a las cuatro de la tarde a despojarnos del abrigo y comenzar una visita guiada a la ciudad. Partiendo del la puerta del hotel, en una plazuela adyacente nuestro guía nos pone a tono con la historia ubetense antes del periplo caminero; nos encamina a un nuevo descubrimiento que ignoraba hasta ese momento: La Sinagoga del Agua,  ¡La de sorpresas que esconde Úbeda bajo sus cimientos! La última: la Sinagoga del Agua. La descubrió un constructor, Fernando Crespo, cuando pensaba levantar varios apartamentos en el casco histórico de la ciudad. Fernando se dio cuenta enseguida de que aquello que iba surgiendo de la escombrera de tierra no era normal. Desenterraron, limpiaron y colocaron piedra tras piedra. Consultaron a historiadores y expertos y…, ante ellos se desveló posiblemente ¡uno de los templos judaicos más interesantes de España!

Hay algo especial en esta antigua sinagoga... Al atravesar la que llaman Puerta del Alma, se siente una pulsación distinta, una energía electromagnética que retuerce las varas de metal usadas por los zahoríes. En su interior, la atmósfera es algo más que mágica. El agua fluye por canales subterráneos que llenan las bocas anchas de los pozos rituales, situados en las esquinas de la estancia principal. Es un espacio dividido por grandes arcadas, con una galería en la parte superior posiblemente desde donde las mujeres sefarditas seguían el ceremonial, semiocultas tras los velos y las celosías. Y otra serie de sorpresas que aguardan al visitante que se acerque a conocerla.

Cambiando de signo religioso la visita ahora es a la iglesia de San Pablo, para pasar a la Plaza del Ayuntamiento, donde aprovechando una escalinata realizamos la “foto de familia. Todavía luce el sol y nos quedan muchas cosas por descubrir en cuanto al patrimonio ubetense se refiere.

Llegamos a las proximidades donde horas antes nos había dejado el autobús, me estoy refiriendo a esa gran plaza llamada Vázquez de Molina que entre otros monumentos alberga el Parador Nacional, la iglesia de Santa María, que tras muchos años de obra se ha vuelto a abrir al público tras una reforma restauradora no demasiado acertada, según versión de quienes la conocieron antes de su cierre. Muy cerca, y rodeada de un pequeño jardín se yergue una estatua dedicada al genio jienense del Renacimiento: Andrés de Vandelvira, arquitecto nacido el Alcaráz (Albacete) aunque sus principales obras monumentales se ubican en la provincia de Jaén. Muy cerca un notable edificio transformado en comisaría de policía y otro también transformado en juzgados.  Casi por frente el Palacio de Las Cadenas, y rematando a levante como broche de oro la Capilla del Salvador, declarada merecidamente Monumento Nacional en 1931.  es un templo construido bajo patrocinio de Francisco de los Cobos como panteón de su palacio. Mandada construir en 1536, formaba parte de un extenso programa artístico (del que formaban parte su Palacio, una Universidad y un Hospital) destinado a encumbrar la fama, la fortuna y la gloria personal que había alcanzado el secretario personal de Carlos V; para lo que recurrió a artistas de primer nivel. El proyecto inicial se encargó a Diego de Siloé, mientras que la realización corrió a cargo de Andrés de Vandelvira a partir de 1540. El templo fue consagrado en 1559. Su primer capellán fue el Deán Ortega, para quien se construyó el gran palacio que hay a la izquierda de la fachada principal de la capilla.

El Salvador fue la empresa más ambiciosa de toda la arquitectura religiosa privada del Renacimiento español. Es un templo funerario. La compleja decoración escultórica de emblemas y escudos nobiliarios de la fachada principal y del interior (que contrasta con la rancia austeridad hispánica de palacio, de sobriedad castellana extrema, en la cercana calle de Francisco de los Cobos), encierra un simbolismo funerario que conduce a la finalidad del espacio centralizado de la cripta acogida en una grandiosa y simbólica rotonda de forma circular, la más perfecta para expresar la Unidad o esencia infinita emanada de la uniformidad y Justicia de Dios, según la tratadística arquitectónica renacentista.

Esta vez la suerte no nos ha acompañado, y desoyendo nuestra insistencia, nos dieron literalmente con la puerta en la nariz y no pudimos contemplar su interior. Unos metros más lejos terminamos la visita desde un mirador con vistas a un océano de olivos.

Con el ocaso solar la tarde refresca y la temperatura baja por momentos, nos despedimos del guía, que tan profesionalmente nos ha acompañado, con nuestra felicitación por su profesionalidad.

Ha sido realmente una lástima no haber podido visitar al menos tanto patrimonio como el que la vez anterior en la primera visita del Glorioso Mester realizamos, conociendo al menos el monasterio carmelita donde falleció San Juan de la Cruz, aquel coetáneo de Santa Teresa, cuyos restos mortales fueron robados y trasladados a Segovia según cuentan las crónicas.
Nos ha faltado tiempo en Úbeda.

Se enciende la iluminación de la ciudad y esa noche en el hotel nos espera una grata velada de cena romántica de nuestro grupo celebrando la festividad del anterior jueves Día de San Valentín, aquel santo que casaba en secreto a los enamorados.

Al no haber acudido a la llamada de Morfeo a horas licenciosa, el despertador hotelero nos sorprende descansados y sin resaca añadida para acudir al desayuno, preludio de esta actividad dominical que pone casi el epílogo a nuestras andanzas jienenses.

No transcurren más de 20 minutos de trayecto cuando hemos llegado a las inmediaciones de la Plaza de los Leones (También conocida como del Populo) donde de manos de nuestra guía comenzamos la visita puntualmente a las 10,30 al casco histórico de Baeza, que junto con Úbeda fueron declaradas merecidamente Patrimonio de la Humanidad. Esta plaza aloja dos edificios, uno de ellos actualmente sede de la Oficina de turismo, el otro una reconstrucción con su fábrica del antiguo matadero, una bella fuente de vetustos leones y unos preciosos arcos.

Amaneció nuboso, y a diferencia del día anterior, que las temperaturas eran agradables, un viento fresco desapacible nos invita a abrigarnos en esta jornada.
Tras habernos embutido en la historia, a modo de preámbulo, de la noble ciudad de Baeza, iniciamos el recorrido a su ancestral patrimonio. Caminando por la calle San Juan de Ávila, dejamos a manderecha la llamada Casa del Seise, y pocos metros más adelante y en el otro lado de la calle el edificio de la antigua universidad del S-XVI, después instituto de bachiller donde ejerció de docente como profesor de francés, tras su destino soriano, el poeta Antonio Machado, su aula todavía con olor a rancio colegial conserva recuerdo de su paso por Baeza, pupitres, estrado, documentos, una antigua fotografía con el claustro de profesores y un tímido brasero de picón que calentaba sus huesos bajo la mesa en los fríos inviernos baezanos, ya viudo de Leonor.

Al finalizar la calle, una sorpresa de arte románico se abre ante nuestros ojos: La iglesia de Santa Cruz, donde se venera un Lignum crucis y se puede contemplar una bella imaginería y unos valiosos frescos murales recuperados entre la cal.

De frente se alza, como símbolo del patrimonio baezano el Palacio de Jabalquinto uno más destacados de la misma y del Señorío y posterior Marquesado de Jabalquinto. Actualmente forma parte de la sede Antonio Machado de la Universidad Internacional de Andalucía. Forma parte del conjunto monumental renacentista de Baeza. Fue mandado edificar en la segunda mitad del s. XV por el señor de Jabalquinto D. Juan Alfonso de Benavides Manrique, el "Famoso Capitán de Lorca" (primo segundo del Rey D. Fernando el Católico) casado con doña Beatriz de Valencia Bracamonte; el primogénito de ambos, D. Manuel, casó con doña Luisa Manrique, hija del célebre poeta Jorge Manrique.

El proyecto de su fachada se ha atribuido a Juan Guas, pero Molina Hipólito se inclinó por Enrique Egas como proyectista y Pedro López, maestro mayor de Jaén, como ejecutor de la obra. De estilo Reyes Católicos se adorna con profusión de puntas de diamante, clavos de piña, frondas, florones, lazos, pináculos, heráldica y mocárabes. En origen, su imagen era mucho más gótica, y su logia superior similar y hermanada a la del Palacio del Infantado de Guadalajara.
En el primer cuerpo, la puerta ―centrada y enmarcada por pináculos góticos a modo de arrabá― forma un arco conopial recorrido por dos troncos por los que trepan graciosamente catorce figurillas humanas.
El segundo cuerpo tiene cuatro ventanas ―gemelas las centrales― también entre pináculos y ajimezadas con delicadas columnillas. Sobre ellas, ocho escudos terciados "a la valona" (inclinados) con yelmos, cimeras y lambrequines: cuatro del señor de Jabalquinto (Benavides, Manrique, Mendoza y Rojas) y cuatro de su esposa (Valencia, Bracamonte, Acuña y Mendoza).
Toda esta fantasía se halla enmarcada entre dos contrafuertes cilíndricos que se abren en mocárabes coronados por antepechos reconstruidos en la segunda mitad del s. XX ―a imitación de los propios de las ventanas― por la Dirección General de Bellas Artes.
Un mirador columnado renacentista fue añadido algo más tarde sobre la fábrica gótica, que sería similar a la logia del Palacio del Infantado, que el mismo Juan Guas ideó; los actuales antepechos del mismo ―imitando los de las galerías del patio― proceden de la última restauración del edificio, y sustituyen a los góticos flamígeros anteriores.

Las habitaciones que dan a la fachada, y que forman con ella la parte más antigua del edificio, conservan sus artesonados, algunos policromados.
Actualmente es sede de la Universidad Internacional de Andalucía.


Al final de la cuesta de San Felipe, se abre la plaza denominada Obispo Romero Mengibar, que preside una singular fuente con tres arcos, ocho columnas y rematada con un frontón superior, arriba la antigua catedral de Santa María y al otro lado el antiguo seminario – al que nuestro compañero Carlos denomina cariñosamente “fábrica de curas” en cuyas paredes se aprecian infinidad de vítores dignos de estudiosos.
Hablemos algo de su catedral, reconstruida por el ya citado Vandelvira: La Catedral de la Natividad de Nuestra Señora de Baeza (Jaén, España) se erige, según tradición histórica, en el solar de la antigua mezquita mayor o aljama de la ciudad, consagrada en el año 1147 para el culto cristiano por mandado del rey Alfonso VII bajo la advocación de San Isidoro. De nuevo mezquita poco tiempo después, no será hasta que el rey Fernando III reconquiste definitivamente la ciudad en 1227, cuando el edificio sea definitivamente consagrado como templo cristiano con el título de La Natividad de Nuestra Señora. Entre las catedrales andaluzas donde aún se celebra el culto católico es la de más larga trayectoria histórica. Desde 1931 está catalogada como Bien de Interés Cultural con la calificación de monumento.

El templo tiene tres naves. Su fábrica renacentista está cubierta con bóvedas vaídas decoradas con relieves de yeserías; mientras que son de tracería gótica las bóvedas de los dos tramos de la cabecera que sobrevivieron al derrumbe de 1567. Los pilares de estos tramos cuentan con columnas adosadas de capiteles platerescos con motivos grutescos, rematadas en cimacios decorados con cartelas.
Los pilares orientales del crucero renacentista, que unen esta estructura a una bóveda de crucería, sostienen un entablamento clásico cuyo friso se decora con cariátides. El mismo cumple la función de salvar la diferencia de altura entre la menor flecha de los arcos de medio punto renacentistas y la mayor de los arcos ojivales de la cara opuesta.
La gran bóveda vaída que cubre el crucero comprende un abovedamiento en semiesfera rebajada, decorado con relieves italianizantes en tondos; mientras que las pechinas que lo sostienen despliegan, bajo la misma influencia estética, relieves de los cuatro evangelistas. A la vez, entre las pechinas este y oeste encontramos sendos tondos con las imágenes respectivas de san Francisco de Asís y de la Virgen madre en la versión usada como sello por el cabildo catedral baezano.
Pese a la sucesión de distintos maestros en su construcción, la catedral es una pieza espléndida que guarda el sello inconfundible de Vandelvira, y en la que se advierten acentos e influencias de Diego de Siloé en ciertas decoraciones. Del propio Vandelvira es:
La Capilla Dorada, construida a los pies del templo y en el lado de la epístola; fundada con anterioridad al hundimiento de 1567 por el deán de la catedral de Lima Pedro Muñiz de Molina, su planta se divide en dos tramos cubriéndose con bóveda cupuliforme el de la cabecera y con otra de medio cañón encasetonada el de los pies.
También parece deberse a Andrés de Vandelvira la Capilla de San José, próxima al presbiterio en el lado del evangelio y construida hacia 1540. Estructurada a modo de gran arcosóleo, las jambas del mismo se decoran con los respectivos altorrelieves de san Pablo y San Pedro, mientras la altura correspondiente al arco se decora con dos cariátides, y el conjunto queda rematado por un ático que preside una escultura de la Virgen madre.
Podríamos habernos pasado más horas recorriendo el rico patrimonio baezano, que como hemos dicho, junto con el de Úbeda fueron declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2003.
Pero hay que aprovechar los pocos instantes antes de partir para el almuerzo, al segundo capítulo gastronómico: Las tapas, que también aquí gozan fama. Ir de tapas en Baeza se conoce como “ir a ligar “así que sirva de advertencia cuando lo oigamos. ¿De acuerdo?
Y al fin ya como colofón de esta actividad viajera, nos dirigimos a la localidad de Puente del Obispo, a tiro de bala, un próximo alfoz, o pedanía baezana, donde  en el restaurante  y escuela de hotelería Hacienda de la Laguna, nos sorprende un grato placer gastronómico. Hacienda la Laguna declarada "Bien de Interés Cultural", es hoy una Escuela de Hostelería donde profesionales y alumnos le ofrecen el mejor servicio. Ubicada junto al Paraje Natural Laguna Grande. http://www.ehlaguna.com/hotel/index.php
Un paseo por el museo del olivo pone fin a nuestra estancia en estas queridas tierras.
Regresamos rumbo a la Villa y Corto en torno a las 17,30. Poco después comienzan unas tímidas gotas de lluvia a arañar los cristales de nuestro autocar, gotas que se convertirían en lluvia continua durante las cuatro horas de trayectos, que a la sazón con un reparador descanso somnoliento se nos hizo sumamente corto.
La verdad que debemos realizar alguna visita a nivel individual para poner en práctica nuestro lema de “ver no es conocer”, y así entrar a fondo en estas dos memorables ciudades que cautivan al visitante.

A modo de epilogo.
Aunque lo cierto, según han comentado diversas fuentes a este medio, que de algún modo el turismo rural ha crecido notablemente en la zona, se nota una posible recesión en los últimos tiempos motivada por los consabidos factores que implica la situación actual y que posiblemente tienda a agravarse de seguir esta racha descendente.
Por otra parte, el turismo cultural se ha estancado o repuntado ligeramente en ciertas temporadas.
Hemos notado algunos cambios de conducta tales como en algunos monumentos cobran precios, que pueden considerarse abusivos, de entrada a los mismos máxime cuando la visita no es guiada. (No olvidemos que ver, no es conocer) puesto que no se trata de un monumento patrimonial solamente, lo que implica para el viajero un costo extra de la suma de todos. Se supone que no hay nada gratis, por lo es de sugerir un precio módico de manera simbólica así como eliminar, también en alguno de ellos, esa obsoleta y absurda prohibición de realizar fotografías que tanto perjudica al viajero e informadores, que lo único que consigue es propiciar discusiones en el interior de los templos y de las que los mismos no sacan nada, ni siquiera vender sus imágenes, y que desmotiva de su visita al viajero. Afortunadamente hemos observado que en estas dos ciudades existe buena predisposición y tolerancia.
Nuestro consejo es guardar al menos dos días para dedicar a cada ciudad y realizar las visitas guiadas en profundidad, puesto que cuentan con empresas profesionales y guías de calidad para tal menester.
Un destino para ambas Ciudades y su contorno aledaño recomendado por el Glorioso Mester.


Agradecimientos:
Autocares Cartur
Ayuntamientos de Úbeda y Baeza
Oficinas de Turismo de dichas ciudades
Guías oficiales de Úbeda y Baeza
Hotel Hacienda la Laguna
Hotel Sercotel Rosaleda de Don Pedro (Úbeda)
Y a los amigos viajeros que hemos conocido en nuestra estancia.


Texto y Fotografías. Jesús García y Jiménez


miércoles, 6 de febrero de 2013

POR EL VALLE DE BENASQUE

   


   POR JESÚS GARCÍA Y JIMÉNEZ









T
ras cruzar Graus, y dejar a la izquierda el embalse de Paso Nuevo, dentro de la comarca ribagorzana, llegamos a Benasque. Los tumbados últimos rayos de un sol de invierno los oculta la montaña, hora que comienza un ocaso adelantado normal en esta época del año.

La temperatura es fría y desciende por momentos, a los márgenes de sus calles se amontonan las nieves caídas de los últimos días, mientas que esas bajas temperaturas mantienen acristaladas con estalactitas heladas las ramas arbóreas; un grupo de escolares regresan de su quehacer entre pelotillazos de nieve y risas. Es un buen momento para dejar el equipaje y tomar alojamiento antes de ese necesario contacto con la población que nos va acoger durante unos días

A la entrada de la avenida de los Tilos se ubica el hotel Ciria, donde montamos el real, un edificio que respeta la arquitectura autóctona de la zona y que regenta su propietario José María Ciria, un lugar para recomendar por su precio calidad. Tres estrellas bien merecidas, donde no le sobra ni un reflejo, que representan fielmente a este establecimiento que se complementa con la cocina de su restaurante, El Fogaril, que con 30 años de experiencia en los fogones, el chef Dioni Ciria sirve a sus clientes la mejor cocina altoaragonesa combinando las recetas y los sabores de siempre con las técnicas y las tendencias más actuales. Los grandes protagonistas de la carta son los platos de caza, pero el restaurante El Fogaril ofrece otras muchas especialidades como las carnes a la brasa, las verduras más frescas o las setas de temporada. Todo elaborado con las mejores materias primas del Valle.

La familia Ciria como buenos montañeros, diseñan excursiones a la carta, asesoran al cliente sobre los lugares más recomendables para descubrir el Valle algunos de ellos parajes recónditos y poco conocidos-, las laderas donde recoger las mejores setas o las visitas al románico de la zona. Su charla e historias sobre el Pirineo hacen gratos la sobremesa o la curiosidad del viajero. http://www.hotelciria.com
Una acertada decoración en todos sus rincones hace sentirse cómodo al más exigente.
Sin lugar a dudas es un acertado “centro de operaciones” para acceder y disfrutar al Parque Natural Posets-Maladeta, que fue declarado en 1994 para proteger los valores naturales, la flora, la fauna y las formaciones geomorfológicas de sus más de 30.000 hectáreas. A pesar del cambio climático, dentro de este espacio protegido todavía perviven 13 de los mayores glaciares del Pirineo, entre los que destacan el glaciar del Aneto (de unas 75 hectáreas) y el de la Maladeta.

Diseminados por el Valle de Benasque también hay más de 95 ibones (lagos de origen glaciar). El más grande es el de Cregüeña, pero quizás los más bonitos sean los Batisiellles o el de Gorgutes en el paso a Francia.
Además, el Parque Natural Posets-Maladeta tiene 66 picos de más de 3.000 metros, la mayor concentración de todo el Pirineo, y ocho de las diez montañas más altas de la cordillera, destacando las dos cumbres más elevadas: el Aneto (3.404 metros) y el Posets (3.375).  El Valle ofrece actividades para todas las estaciones de como el alpinismo clásico, el esquí de montaña, la escalada, el barranquismo, las vías ferratas o los paseos con raquetas de nieve, entre muchos otros.
La variedad de refugios son otro gran atractivo para los visitantes: el Ángel Orús, en el valle de Eriste; el de Estós en el valle del mismo nombre; el de la Renclusa, en la vertiente norte de las Maladetas, y el de Biadós, en el valle de Chistau.
 Para llegar a la Renclusa debemos continuar la carretera por la que hemos llegado a Benasque; Dicha carretera llega un momento que acaba y pasaremos a continuar por una pista que va hasta el antiguo Hospital de Benasque, el cual actualmente es un hotel.
Con Antonio Lafón, guarda de La Renclusa
Continuaremos hasta el hotel y seguiremos la pista hasta llegar a una zona de aparcamiento (La Besurta, 1.900m). Seguramente habrá coches y si no vamos pronto nos las veremos mal incluso para encontrar sitio para aparcar el coche, tomando una senda que sale pocos metros después de donde se aparcan los coches, la cual enseguida empieza a ascender, en verano como en una hora estaremos en el refugio, ubicado a 2.149 msnm. El tiempo empleado en dicho itinerario en invierno puede duplicar al invertido en temporada estival. El guarda de este refugio en la actualidad, y como por tradición familiar, es Antonio Lafón, con quien hemos tenido el placer de gozar de su sapiencia y conversación. La titularidad tricéfala de este refugio recae en la  Federación Aragonesa de montañismo, Centro Excursionista de Cataluña y el Ayuntamiento de Benasque.  Está abierto todo el año y goza de excelentes servicios: Agua corriente, duchas e inodoros, agua caliente sanitaria, bar y servicio de comidas, mantas, servicio de guías, alquiler de material, teléfono y sistema de telecomunicaciones para socorro. Claro está que los precios, muy asequibles, no son los mismos para un federado que para quien no lo es. Es el punto de partida por antonomasia para ascender al pico Aneto que con sus 3.404 msnm se alza como el techo del Pirineo.
Para la ascensión al mismo como a otros de este macizo siempre se impone la compañía de un guía experimentado, esto para los poco iniciados en la Alta montaña.

Ascendiendo desde Benasque y a unos cinco kilómetros por carretera de montaña, llegaremos a una de las estaciones de invierno vanguardistas de los Pirineos: Cerler que junto con Formigal, Candanchú y Panticosa se convierten en la delicia de los esquiadores en el Alto Aragón en el Pirineo oscense.
Cerler es una de las mejores estaciones de la zona sur del Pirineo. Es la reina indiscutible en innovación natural con temporales de suroeste. Por el contrario, los de norte no le llegan, y cuando son lo suficientemente fuertes, vienen con tanto viento que la estación rara vez mejora la situación de sus pistas. Esto le hace una estación enormemente dependiente de los vientos del sur. Dichos vientos suelen ser templados, y se dan más en otoño y primavera, por lo que la altitud de la estación pasa a ser crucial a la hora de recoger nieve.
Con Narciso de Dios, profesor de la EEE de Cerler
y guía de Alta Montaña
Está gestionada por la empresa Aramon, y goza de uno de los mayores desniveles esquiables de toda la cordillera, oscilando entre los 1500 metros de la base y los 2700 del Pico Gallinero. La mayoría de la estación se encuentra entre los 1900 y los 2700 metros.
No podíamos pasar por alto la profesionalidad del personal de la estación propiamente dicha, como de la labor pedagógica y deportiva del personal de la Escuela Española de Esquí de Cerler, bajo la dirección de Lola Gericó.
Con Narciso de Diós y Lola Gericó directora de la
EEE de Cerler, en Cota 2000 (Estación de Cerler)

Una urbanización moderna con tiendas y demás  servicios de una estación de esquí: remontes, enfermería, escuela de esquí, alquiler de material, restauración, etc. pone de relevancia la calidad de la misma También ofrece servicios en verano, como descenso en bicicleta.
Regresando a Benasque, población que citábamos como punto de llegada, se hace necesario saber lo más importante de la misma como lugar principal del valle: También llamada Benás, (en patués) es un municipio de la provincia de Huesca. Está situado en el corazón de los Pirineos a 143 km de la capital en dirección noreste. Pertenece al partido judicial de Boltaña y forma parte de la comarca de La Ribagorza.

Se localiza a 1138 msnm, junto al río Ésera, entre el embalse de Paso Nuevo aguas arriba y el embalse de Linsoles aguas abajo. Es centro neurálgico del Valle de Benasque, llamado también el "Valle Escondido", y municipio destacado de la comarca, donde sobresale por sus valores paisajísticos y naturalistas, dado que aquí se encuentra el Parque Natural de Posets-Maladeta y el pico Aneto.
En su término municipal, que abarca 233,17 km², se hallan los bellos pueblos de Cerler y Anciles, el primero de ellos también famoso por sus pistas de esquí, de las mejores y desgraciadamente poco potenciadas del Pirineo.

Tradicionalmente ha estado muy aislada tanto de Francia como del resto de España. Pensemos que antes de la construcción del congosto de Ventamillo, llegar hasta Graus costaba un día de viaje, que únicamente se podría hacer andando o sobre caballerías. El viaje a Bagnères-de-Luchon costaba (y sigue costando) más de 10 horas. Esta vía que lo comunica con Luchón, en Francia, ha recibido la protección como Vía Transnacional Europea.

Su población es de 2.166 habitantes (2008) y su gentilicio es benasqués.
Filológicamente es conocido por ser el lugar de encuentro del catalán, del aragonés y del gascón y hablarse un habla de transición llamado benasqués o patués
El clima de Benasque es de Alta montaña, con veranos templados e inviernos fríos con temperaturas bajo cero y nevadas frecuentes.
Su temperatura media anual es de 9,4 grados, que para su situación (a 1138 metros), lo hace un lugar frío, con un clima de alta montaña.

Probablemente fundada por los Romanos, que construyeron los primeros baños de agua sulfurosa en su actual ubicación, aunque este hecho no está documentado. La referencia documental más antigua, el Rótulo de Benasque, data de 1006 a 1018.
Desde el siglo XI perteneció al Condado de Ribagorza, parte del Reino de Aragón.
La población ha sufrido variaciones en la historia, alcanzando un máximo en 1870 (1750 habitantes) y un mínimo en 1970 (574 habitantes). Ya en el siglo XXI se ha vuelto a alcanzar un nuevo máximo.

En 1660 sufrió un fuerte terremoto. La zona pirenaica tiene una moderada actividad sísmica, por lo que se producen con cierta frecuencia pequeños temblores.
En los años 1727, 1834 y 1925 se produjeron grandes avenidas del río Ésera que causaron numerosos daños, entre ellos la destrucción de los puentes.
Situado en un alto al norte del pueblo, existía desde el siglo XIII un castillo que fue mandado demoler por Real Decreto en 1858.
Durante la guerra civil española, un incendio destruyó buena parte de la villa.
En 1939 el puerto de Benasque fue testigo de una dura travesía de republicanos que huían a Francia.
Al fondo la Sierra de Chía
Aunque la economía ha girado tradicionalmente en torno a la ganadería y en menor medida la agricultura y silvicultura, en las últimas décadas estas actividades prácticamente han desaparecido, pasando a ser el turismo la actividad central.
En el primer tercio del siglo XX se explotaba una mina de piritas más arriba de Cerler. Su producto se bajaba en un teleférico de más de 3 km de longitud, cuyos restos todavía hoy se pueden apreciar unos 500 metros antes de la entrada de Benasque.
La creación y expansión de la estación de esquí de Cerler, así como el creciente turismo de montaña han dado impulso a la construcción de numerosos hoteles, edificios de apartamentos, restaurantes, comercios y demás establecimientos relacionados.

La iglesia Santa María, de origen románico (siglo XIII)
Palacio de los Condes de Ribagorza (renacentista)
Con estos datos amigo viajero, no creo que puedas resistirte a la tentación de acudir unos días a este bello lugar que es el Valle de Benasque.


Con afecto a Narciso y Helena, que tanto me ayudaron a redescubrir el valle.


Se permite la reproducción citando procedencia.

sábado, 2 de febrero de 2013

Andrés de Vandelvira, genio jienense del renacimiento que no olvida la historia

 
D
ifícil es para el viajero visitar Úbeda, Baeza o la misma capital de la provincia y no volver entusiasmado de contemplar la obra de este maestro renacentista cuyas creaciones monumentales rayan la línea de la admiración por lo sublime, arquitectónicamente hablando.

No solo fue profeta en su tierra, en territorios conquenses, entre otros, podemos contemplar su legado entre los muros monacales de Uclés, por citar alguno.


Andrés de Vandelvira nace en Alcaraz, (Albacete) en 1509 y fallece en Jaén en 1575) aparte de célebre cantero fue un consumado arquitecto de su época: el Renacimiento.

Fue hijo y discípulo del también arquitecto, Pedro de Vandelvira, y estaba casado con Luisa de Luna, de Villacarrillo, con la que tuvo siete hijos, uno de los cuales, Alonso de Vandelvira, escribió un libro "Libro de cortes de piedra", que ayudó a que fuera conocida la obra de su padre. Fundó una capellanía, en la Iglesia Parroquial de Villacarrillo, a favor de su hijo el presbítero y licenciado Pedro de Vandelvira. Siendo en este último lugar donde acopió la mayor parte de su patrimonio.

Con 21 años también aparece Vandelvira en unas ambiciosas obras del Convento de Uclés, como ya se ha mencionado, obra iniciada por Francisco de Luna en 1529; su participación, "a la sombra de la escuela plateresca toledana", es uno de los ingredientes formativos de su personalidad.
Instruido por su padre, que había estudiado en Italia, fue un varón de gran cultura; conocía los tratados más famosos de la época, y los puso en práctica gracias a los mecenas que encontró, principalmente en la provincia de Jaén, como la misma iglesia, y los nobles relacionados con la familia Molina, como Francisco de los Cobos y Molina, protector de su padre. Fue el inventor de la bóveda vaída y de otras ingeniosas soluciones constructivas.

Entre sus obras más notables está la Sacra Capilla del Salvador, realizada en Úbeda sobre un proyecto inicial de Diego de Siloé, por encargo de Francisco de los Cobos. Tras esta obra, vienen muchas otras, como la capilla de los Benavides en el convento de San Francisco de Baeza, una obra maestra (por desgracia perdida en parte tras el terremoto de 1755); la intervención en la catedral de Baeza o en el Antiguo Convento de Santo Domingo de La Guardia de Jaén, el Hospital de Santiago de Úbeda o la mismísima Catedral de Jaén, obra también iniciada por su padre, Pedro de Vandelvira en 1540, donde ejecutó las obras que su padre había trazado especialmente la fachada de mediodía, la sala capitular, el panteón, la sacristía y las capillas del lado de la epístola.

También trazó y dirigió la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción de Villacarrillo, que es de tres naves divididas por cinco columnas corintias por banda y el retablo mayor y los colaterales y fue una de sus primeras y grandes obras en la provincia de Jaén. También se le atribuye la traza de la nave central de la Iglesia de La Asunción en Jódar.


Se le atribuye la torre del Tardón en Alcaraz, que guarda muchas similitudes en su decoración con la Capilla del Salvador de Úbeda.

Una de sus últimas obras, en las que muestra una gran pureza de estilo es el Hospital de Santiago, en Úbeda. A su muerte, su cuerpo fue enterrado en la Basílica de San Ildefonso de Jaén

Es idea muy generalizada identificar y englobar, genéricamente, a la arquitectura renacentista de la comarca e incluso de toda la provincia con la obra de Andrés de Vandelvira y sus seguidores. Con suma facilidad casi todas las poblaciones se atribuyen la intervención de Andrés de Vandelvira en una iglesia parroquial, palacios, o casa consistorial.

La familia de Los Cobos-Molina, conscientes de que la mejor manera de transmitir su imagen a la posteridad era a través del mecenazgo artístico en sus múltiples manifestaciones, se afánan por promover obras de arte público-privadas que marcarán la personalidad urbana de su "poder".

Andrés de Vandelvira llega a Villacarrillo para trabajar en las obras de su iglesia parroquial. Estando en esta localidad, en 1534 es llamado por el cabildo municipal de la vecina población de Sabiote. El siguiente paso, dos años más tarde, sería su compromiso, junto al cantero Alonso Ruiz, para edificar la iglesia, que para su enterramiento Don Francisco de los Cobos, Secretario del emperador Carlos V, se proponía levantar en Úbeda, según proyecto de Diego de Siloé, maestro mayor de las obras de la catedral de Granada. A partir de este momento comienza su vinculación con Úbeda.

Dentro del panorama histórico-artístico español, Andrés de Vandelvira no es una excepción sino que forma parte de una rica y fecunda generación de maestros de cantería.

Andrés de Vandelvira resume la enorme complejidad profesional de los artistas del Renacimiento, y su actividad se desarrolla en diversos campos artísticos: la ingeniería ya que fue el tracista del impresionante puente de Ariza, tendido sobre el río Guadalimar a pocos kilómetros de Úbeda, la estereotomía e incluso la rejería.

Evidentemente, tan extensa y significativa trayectoria es el resultado de su larga y rica experiencia basada tanto en la práctica como en sus conocimientos teóricos de libros y tratados de arquitectura de la época, como eran Vitruvio y Serlio de los cuales era poseedor según reza en su testamento.

Pocos arquitectos del siglo XVI produjeron una obra tan numerosa y variada, tanto en tipologías como en lugares, donde el denominador común es la alta calidad, y un sello personal que hacen de Úbeda y Baeza centro del Renacimiento andaluz y español.