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sábado, 31 de agosto de 2013

TOLEDO: IMPERIAL Y UNIVERSAL


 TOLEDO: IMPERIAL Y UNIVERSAL

Por José Antonio Gonzalez Pereira
Glorioso Mester.


S
in lugar a dudas, dentro del panorama del turismo cultural, Toledo al igual que muchas ciudades europeas y del mundo mundial, no necesita ningún tipo de promoción para ser visitada. Solo hablar de Toledo evoca mucho más que esa ciudad de espadas y mazapán por donde pululan a sus anchas los japoneses en grupo precedidos de su guía que les abre paso con su paraguas en alto plegado o banderita para no escabullirse entre las multitudes que se agolpan en sus principales y estrechas calles y monumentos.



Si algo transciende los muros de esta ciudad, en cuanto a su población se refiere, es el hecho de ser unos BOLOS. Este adjetivo, tal y como es usado en Toledo presenta más connotaciones cariñosas que agravativas. Un toledano nunca usaría para insultar el término bolo. Así, expresiones como, “si bolo, “no bolo”, “anda bolo”, “tontolbolo”, o “que bolo eres” forman parte del  léxico toledano, a modo de seña de identidad local.

Más retorcido que el extraño uso que de bolo hacen los toledanos es su origen. Tanto que aún hoy sigue siendo un reto para los etimologistas. Son varias las versiones que explican el origen del término, y todas con el mismo grado de indemostrabilidad.

La más antigua data del siglo VI, concretamente el año 589. En este año se celebró el III Concilio de Toledo, en él el rey Recaredo abjuró públicamente del arrianismo para reconocer a la iglesia católica. Al tomar juramento al rey, se le formuló una pregunta que era algo así como “Queréis abrazar la verdadera fe católica, etc.”. La respuesta del Rey fue: “Ego volo” (= sí, quiero).

La explicación más aceptada sitúa el origen del término en el siglo XIV. De aquella época fue el arzobispo de Toledo Gil Álvarez de Albornoz, quien fundó el Real Colegio Mayor de San Clemente de los Españoles en Bolonia, Italia. Por el fuerte vínculo de su fundador con la ciudad, fueron muchos los Toledanos que cursaron allí sus estudios. A los que volvían a Toledo licenciados de Bolonia se les empezó a llamar Bolos.

Pero no quedan ahí las versiones. Puede que tenga un origen vasco. Ya que  la industria armera de Toledo se surtía de aceros que suministraba las acerías vascas. Las muestras de ese producto eran unas bolas de acero al carbono que en la jerga siderúrgica se denominaban “bolos”. Así, los vascos se referían a Toledo como “la provincia de los bolos”. Pasando la  asignación a sus habitantes.

Incluso hay quien apunta a que la denominación proviene de los cantos rodados o bolos originados por la erosión del río Tajo.

Como veis hay versiones para todos los gustos, ¿con cuál te quedas?



1 comentario:

  1. una ciudad única, mágica, incomparable, se mire como se mire. saludos, Miguel

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