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domingo, 10 de junio de 2012

Crónicas Turiasonenses


Crónicas Tvriasonenses
A
 escasos noventa kilómetros de la antigua Caesar Augusta, agora Zaragoza, se encuentra el enclave de Turiaso actual Tarazona, ambos enclaves estratégicos de la antigua Hispania romana. Dos entrañables personajes en el siglo XX con arraigo a su tierra contribuyeron a su fama: Hablo de Francisca Marqués López, conocida como Raquel Meller; y el también actor de cine y no menos popular Paco Martínez Soria, ambos oriundos de esta villa que atraviesa el río Queíles, un aprendiz de río que paradójicamente es el más caudaloso de España en su manadero.
Con estos simples datos anecdóticos sería más que suficiente saber que no estoy haciendo otra cosa que facilitar al lector la introducción invitándole de entrada a la visita turística incondicional de esta tan maravillosa como antigua ciudad aragonesa.
Luis Molano y Jesús M. Sahún. en La Corza Blanca

Un cómodo viaje en un tormentoso día de primavera, nos ha ubicado en las puertas del Monasterio de Veruela, del que dicen ser el primero que fundó el Cister en Aragón, pero el Reino de Aragón de antaño, a la sazón más extenso en superficie que la propia Comunidad Autonómica actual. Frente a su entrada, separada por la carretera Z-373, se ubica ajardinado el restaurante La Corza Blanca, rememorando con dicho nombre al post romántico Gustavo Adolfo Bécquer,  donde el Glorioso Mester ha tenido como anfitrión en el capítulo gastronómico a su propietario Jesús María Sahún Izquierdo, “Ecochef” acreditado por la asociación Slow Food, dedicada a proteger las variedades gastronómicas locales y sus sabores, galardonado el distintivo de los restaurante "km 0", con los que acredita a aquellos establecimientos que fomentan los productos de proximidad, la biodiversidad (animal y vegetal) y la defensa del medio ambiente.
 
El suculento postre de Torrijas bañadas de chocolate dio paso al siguiente, esta vez eminentemente cultural guiados por un gran profesional como  Santiago, guía oficial de Veruela (De la empresa Girola Servicios Turísticos, que presta servicio al monasterio), allí nos acompañó en la visita con el “fantasma” presente de Bécquer con las Cartas desde mi celda. Datos más que suficientes para un gran conocimiento del cenobio, y el agradecimiento a la DPZ por autorizarnos a fotografiar su interior. Mientras, en su exterior se escuchaba el eco de la lluvia y los truenos en ese valle que altivamente preside el Moncayo.

Poco antes de las siete arreciaba el aguacero cuando fieles a nuestra cita acudíamos a la concertada con un gran amigo turiasonense, que bajo el paraguas nos aguardaba en el umbral de la oficina de turismo local, (sita en la Plaza de San Francisco, cabe el cenobio franciscano del mismo nombre que preside dicha plaza) un personaje que para aragoneses y bastantes foráneos pocas presentaciones necesita: Nos estamos refiriendo a Javier Bona, un gran experto en Patrimonio que nos va a acompañar en nuestras andanzas por la judería de la ciudad, fue en su día con justificado reconocimiento Gerente del Patronato de Turismo de Zaragoza, Concejal de Tarazona y otra serie de nombramientos que largo sería citar.  
La visita concluyo donde deben concluir todas, en buena tasca con suculentos pinchos y vinito de la tierra, que aquí es de Campo de Borja.
El descanso del guerrero, es decir, donde se montó el real tuvo lugar en un agradable establecimiento: Las Brujas de Becquer, sito extramuros del centro propiamente dicho, pero agradable por servicio, calidad y profesionalidad y todo positivo en lo que a valor humano se refiere.
A la alborada del nuevo día, la lluvia ha remitido, nubes y claros alternan en la cúpula celeste, día triste por eso de ser el último y nuestros sentimientos han calado en estas tierras aragonesas.
Igualmente, en alarde de puntualidad cuando las campanadas dan las 10 nos reunimos con una gran profesional de turismo: Pilar Velilla Pueyo, que durante casi dos horas será nuestra guía; nueva subido por las mismas calles hasta el Ayuntamiento, frente al mismo se alberga un edificio, casa natal Del  gran Paco Martínez Soria. Ascendemos por empedradas cuestas hasta el barrio del Cinto, donde pasamos por calles, callejas y callejones con nombres evocadores: La Traición, Barbacana… Hemos llegado junto al Palacio Episcopal, La Iglesia de la Magdalena y su torre de ladrillo que la separan de su base más de 400 irregulares peldaños. Una imagen imponente de la ciudad: Plaza de toros vieja, la Catedral, La Virgen del Río, patrona de la villa…
Pero allí todo está cerca, y una vez en el atrio catedralicio nos despedimos de Pili, esta sensacional anfitriona y allí somos recibidos por Lola Zueco, una de las personas responsables como técnico de patrimonio de la Fundación Zaragoza Monumental, que amablemente y en su día nos dio todo tipo de facilidades para poder conocer y comprender el conjunto catedralicio, que hace poco abrió sus puertas tras una forzosa clausura por obras de recuperación y restauración que se prolongaron por casi treinta años.
Otra gran profesional Ana, se hace cargo de la visita al interior de la Seo y que durante una hora acapara toda nuestra atención,  otra gran profesional que sabe tratar al viajero como se debe, en resumen que sabe cuidar el turismo, este turismo de interior cuya recuperación es un arma cargada de futuro; Igualmente quede constancia de nuestro agradecimiento al deán catedralicio don Juan Manuel Melendo, por haber accedido a permitírsenos ejercer el derecho informativo a la fotografía dentro de la Catedral. Gracias por todo y a todos
 Fotografías: Jesús García y Jiménez

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