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martes, 19 de febrero de 2013

Baeza y Úbeda, entre un océano de olivos

POR JESÚS GARCÍA Y JIMÉNEZ
Redactor Gloriosa Gaceta del Mester

Desde que el pasado mes de junio se inauguraba el túnel de Despeñaperros en dirección Sur de la A 4, con casi 5 Km de nueva calzada de dicha autovía, además de la solicitada seguridad el tiempo en recorrerlo se ha reducido a mucho más de la mitad, en el mejor de los casos, y aunque ha privado al viajero contemplativo de las espeluznantes vistas de los cortados de los conocidos Los Órganos, aquel lugar y aledaños que fue testigo presencial de aquella dura batalla del 16-7-1212, donde las huestes cristianas jugaron un importante papel contra las taifas capitaneadas por el califa almohade Muhammad An-Nasir y que ellos llamaron Batalla de Al-Uqab (معركة العقاب).
Tras haber recorrido algún kilómetro más nos abandonamos dicha autovía, y tomamos otra que cuando llegué el momento de su terminación (que parece que va para largo) acercarnos hasta Baeza o Úbeda nos parecerá que las han mudado de sitio, acercándolas en el mapa.
A nuestra derecha las cumbres todavía nevadas del Parque Natural de Sierra Mágina y así como por encantamiento hemos llegado a la mágica hora del mediodía a la monumental Ciudad de Úbeda. Y como suele suceder en estas rancias ciudades, y al no permitirlo el trazado de su casco antiguo, el autobús nos deja algo distantes del hotel donde montamos el real; en este caso hemos elegido el Hotel Rosaleda de Don Pedro, muy aceptable, con un sobresaliente a la amabilidad del servicio que contribuye enormemente a la estancia del viajero.

De otras ocasiones, de esto hace algunos años, nos quedamos maravillados de la generosidad de las “tapas” de sus bares y tabernas, pero al parecer de algún modo les han llegado esos “recortes sociales” que las han dejado en el recuerdo, al menos esta ha sido nuestra reciente experiencia.
Una excelente temperatura, para ser un 16 de febrero, nos invita a las cuatro de la tarde a despojarnos del abrigo y comenzar una visita guiada a la ciudad. Partiendo del la puerta del hotel, en una plazuela adyacente nuestro guía nos pone a tono con la historia ubetense antes del periplo caminero; nos encamina a un nuevo descubrimiento que ignoraba hasta ese momento: La Sinagoga del Agua,  ¡La de sorpresas que esconde Úbeda bajo sus cimientos! La última: la Sinagoga del Agua. La descubrió un constructor, Fernando Crespo, cuando pensaba levantar varios apartamentos en el casco histórico de la ciudad. Fernando se dio cuenta enseguida de que aquello que iba surgiendo de la escombrera de tierra no era normal. Desenterraron, limpiaron y colocaron piedra tras piedra. Consultaron a historiadores y expertos y…, ante ellos se desveló posiblemente ¡uno de los templos judaicos más interesantes de España!

Hay algo especial en esta antigua sinagoga... Al atravesar la que llaman Puerta del Alma, se siente una pulsación distinta, una energía electromagnética que retuerce las varas de metal usadas por los zahoríes. En su interior, la atmósfera es algo más que mágica. El agua fluye por canales subterráneos que llenan las bocas anchas de los pozos rituales, situados en las esquinas de la estancia principal. Es un espacio dividido por grandes arcadas, con una galería en la parte superior posiblemente desde donde las mujeres sefarditas seguían el ceremonial, semiocultas tras los velos y las celosías. Y otra serie de sorpresas que aguardan al visitante que se acerque a conocerla.

Cambiando de signo religioso la visita ahora es a la iglesia de San Pablo, para pasar a la Plaza del Ayuntamiento, donde aprovechando una escalinata realizamos la “foto de familia. Todavía luce el sol y nos quedan muchas cosas por descubrir en cuanto al patrimonio ubetense se refiere.

Llegamos a las proximidades donde horas antes nos había dejado el autobús, me estoy refiriendo a esa gran plaza llamada Vázquez de Molina que entre otros monumentos alberga el Parador Nacional, la iglesia de Santa María, que tras muchos años de obra se ha vuelto a abrir al público tras una reforma restauradora no demasiado acertada, según versión de quienes la conocieron antes de su cierre. Muy cerca, y rodeada de un pequeño jardín se yergue una estatua dedicada al genio jienense del Renacimiento: Andrés de Vandelvira, arquitecto nacido el Alcaráz (Albacete) aunque sus principales obras monumentales se ubican en la provincia de Jaén. Muy cerca un notable edificio transformado en comisaría de policía y otro también transformado en juzgados.  Casi por frente el Palacio de Las Cadenas, y rematando a levante como broche de oro la Capilla del Salvador, declarada merecidamente Monumento Nacional en 1931.  es un templo construido bajo patrocinio de Francisco de los Cobos como panteón de su palacio. Mandada construir en 1536, formaba parte de un extenso programa artístico (del que formaban parte su Palacio, una Universidad y un Hospital) destinado a encumbrar la fama, la fortuna y la gloria personal que había alcanzado el secretario personal de Carlos V; para lo que recurrió a artistas de primer nivel. El proyecto inicial se encargó a Diego de Siloé, mientras que la realización corrió a cargo de Andrés de Vandelvira a partir de 1540. El templo fue consagrado en 1559. Su primer capellán fue el Deán Ortega, para quien se construyó el gran palacio que hay a la izquierda de la fachada principal de la capilla.

El Salvador fue la empresa más ambiciosa de toda la arquitectura religiosa privada del Renacimiento español. Es un templo funerario. La compleja decoración escultórica de emblemas y escudos nobiliarios de la fachada principal y del interior (que contrasta con la rancia austeridad hispánica de palacio, de sobriedad castellana extrema, en la cercana calle de Francisco de los Cobos), encierra un simbolismo funerario que conduce a la finalidad del espacio centralizado de la cripta acogida en una grandiosa y simbólica rotonda de forma circular, la más perfecta para expresar la Unidad o esencia infinita emanada de la uniformidad y Justicia de Dios, según la tratadística arquitectónica renacentista.

Esta vez la suerte no nos ha acompañado, y desoyendo nuestra insistencia, nos dieron literalmente con la puerta en la nariz y no pudimos contemplar su interior. Unos metros más lejos terminamos la visita desde un mirador con vistas a un océano de olivos.

Con el ocaso solar la tarde refresca y la temperatura baja por momentos, nos despedimos del guía, que tan profesionalmente nos ha acompañado, con nuestra felicitación por su profesionalidad.

Ha sido realmente una lástima no haber podido visitar al menos tanto patrimonio como el que la vez anterior en la primera visita del Glorioso Mester realizamos, conociendo al menos el monasterio carmelita donde falleció San Juan de la Cruz, aquel coetáneo de Santa Teresa, cuyos restos mortales fueron robados y trasladados a Segovia según cuentan las crónicas.
Nos ha faltado tiempo en Úbeda.

Se enciende la iluminación de la ciudad y esa noche en el hotel nos espera una grata velada de cena romántica de nuestro grupo celebrando la festividad del anterior jueves Día de San Valentín, aquel santo que casaba en secreto a los enamorados.

Al no haber acudido a la llamada de Morfeo a horas licenciosa, el despertador hotelero nos sorprende descansados y sin resaca añadida para acudir al desayuno, preludio de esta actividad dominical que pone casi el epílogo a nuestras andanzas jienenses.

No transcurren más de 20 minutos de trayecto cuando hemos llegado a las inmediaciones de la Plaza de los Leones (También conocida como del Populo) donde de manos de nuestra guía comenzamos la visita puntualmente a las 10,30 al casco histórico de Baeza, que junto con Úbeda fueron declaradas merecidamente Patrimonio de la Humanidad. Esta plaza aloja dos edificios, uno de ellos actualmente sede de la Oficina de turismo, el otro una reconstrucción con su fábrica del antiguo matadero, una bella fuente de vetustos leones y unos preciosos arcos.

Amaneció nuboso, y a diferencia del día anterior, que las temperaturas eran agradables, un viento fresco desapacible nos invita a abrigarnos en esta jornada.
Tras habernos embutido en la historia, a modo de preámbulo, de la noble ciudad de Baeza, iniciamos el recorrido a su ancestral patrimonio. Caminando por la calle San Juan de Ávila, dejamos a manderecha la llamada Casa del Seise, y pocos metros más adelante y en el otro lado de la calle el edificio de la antigua universidad del S-XVI, después instituto de bachiller donde ejerció de docente como profesor de francés, tras su destino soriano, el poeta Antonio Machado, su aula todavía con olor a rancio colegial conserva recuerdo de su paso por Baeza, pupitres, estrado, documentos, una antigua fotografía con el claustro de profesores y un tímido brasero de picón que calentaba sus huesos bajo la mesa en los fríos inviernos baezanos, ya viudo de Leonor.

Al finalizar la calle, una sorpresa de arte románico se abre ante nuestros ojos: La iglesia de Santa Cruz, donde se venera un Lignum crucis y se puede contemplar una bella imaginería y unos valiosos frescos murales recuperados entre la cal.

De frente se alza, como símbolo del patrimonio baezano el Palacio de Jabalquinto uno más destacados de la misma y del Señorío y posterior Marquesado de Jabalquinto. Actualmente forma parte de la sede Antonio Machado de la Universidad Internacional de Andalucía. Forma parte del conjunto monumental renacentista de Baeza. Fue mandado edificar en la segunda mitad del s. XV por el señor de Jabalquinto D. Juan Alfonso de Benavides Manrique, el "Famoso Capitán de Lorca" (primo segundo del Rey D. Fernando el Católico) casado con doña Beatriz de Valencia Bracamonte; el primogénito de ambos, D. Manuel, casó con doña Luisa Manrique, hija del célebre poeta Jorge Manrique.

El proyecto de su fachada se ha atribuido a Juan Guas, pero Molina Hipólito se inclinó por Enrique Egas como proyectista y Pedro López, maestro mayor de Jaén, como ejecutor de la obra. De estilo Reyes Católicos se adorna con profusión de puntas de diamante, clavos de piña, frondas, florones, lazos, pináculos, heráldica y mocárabes. En origen, su imagen era mucho más gótica, y su logia superior similar y hermanada a la del Palacio del Infantado de Guadalajara.
En el primer cuerpo, la puerta ―centrada y enmarcada por pináculos góticos a modo de arrabá― forma un arco conopial recorrido por dos troncos por los que trepan graciosamente catorce figurillas humanas.
El segundo cuerpo tiene cuatro ventanas ―gemelas las centrales― también entre pináculos y ajimezadas con delicadas columnillas. Sobre ellas, ocho escudos terciados "a la valona" (inclinados) con yelmos, cimeras y lambrequines: cuatro del señor de Jabalquinto (Benavides, Manrique, Mendoza y Rojas) y cuatro de su esposa (Valencia, Bracamonte, Acuña y Mendoza).
Toda esta fantasía se halla enmarcada entre dos contrafuertes cilíndricos que se abren en mocárabes coronados por antepechos reconstruidos en la segunda mitad del s. XX ―a imitación de los propios de las ventanas― por la Dirección General de Bellas Artes.
Un mirador columnado renacentista fue añadido algo más tarde sobre la fábrica gótica, que sería similar a la logia del Palacio del Infantado, que el mismo Juan Guas ideó; los actuales antepechos del mismo ―imitando los de las galerías del patio― proceden de la última restauración del edificio, y sustituyen a los góticos flamígeros anteriores.

Las habitaciones que dan a la fachada, y que forman con ella la parte más antigua del edificio, conservan sus artesonados, algunos policromados.
Actualmente es sede de la Universidad Internacional de Andalucía.


Al final de la cuesta de San Felipe, se abre la plaza denominada Obispo Romero Mengibar, que preside una singular fuente con tres arcos, ocho columnas y rematada con un frontón superior, arriba la antigua catedral de Santa María y al otro lado el antiguo seminario – al que nuestro compañero Carlos denomina cariñosamente “fábrica de curas” en cuyas paredes se aprecian infinidad de vítores dignos de estudiosos.
Hablemos algo de su catedral, reconstruida por el ya citado Vandelvira: La Catedral de la Natividad de Nuestra Señora de Baeza (Jaén, España) se erige, según tradición histórica, en el solar de la antigua mezquita mayor o aljama de la ciudad, consagrada en el año 1147 para el culto cristiano por mandado del rey Alfonso VII bajo la advocación de San Isidoro. De nuevo mezquita poco tiempo después, no será hasta que el rey Fernando III reconquiste definitivamente la ciudad en 1227, cuando el edificio sea definitivamente consagrado como templo cristiano con el título de La Natividad de Nuestra Señora. Entre las catedrales andaluzas donde aún se celebra el culto católico es la de más larga trayectoria histórica. Desde 1931 está catalogada como Bien de Interés Cultural con la calificación de monumento.

El templo tiene tres naves. Su fábrica renacentista está cubierta con bóvedas vaídas decoradas con relieves de yeserías; mientras que son de tracería gótica las bóvedas de los dos tramos de la cabecera que sobrevivieron al derrumbe de 1567. Los pilares de estos tramos cuentan con columnas adosadas de capiteles platerescos con motivos grutescos, rematadas en cimacios decorados con cartelas.
Los pilares orientales del crucero renacentista, que unen esta estructura a una bóveda de crucería, sostienen un entablamento clásico cuyo friso se decora con cariátides. El mismo cumple la función de salvar la diferencia de altura entre la menor flecha de los arcos de medio punto renacentistas y la mayor de los arcos ojivales de la cara opuesta.
La gran bóveda vaída que cubre el crucero comprende un abovedamiento en semiesfera rebajada, decorado con relieves italianizantes en tondos; mientras que las pechinas que lo sostienen despliegan, bajo la misma influencia estética, relieves de los cuatro evangelistas. A la vez, entre las pechinas este y oeste encontramos sendos tondos con las imágenes respectivas de san Francisco de Asís y de la Virgen madre en la versión usada como sello por el cabildo catedral baezano.
Pese a la sucesión de distintos maestros en su construcción, la catedral es una pieza espléndida que guarda el sello inconfundible de Vandelvira, y en la que se advierten acentos e influencias de Diego de Siloé en ciertas decoraciones. Del propio Vandelvira es:
La Capilla Dorada, construida a los pies del templo y en el lado de la epístola; fundada con anterioridad al hundimiento de 1567 por el deán de la catedral de Lima Pedro Muñiz de Molina, su planta se divide en dos tramos cubriéndose con bóveda cupuliforme el de la cabecera y con otra de medio cañón encasetonada el de los pies.
También parece deberse a Andrés de Vandelvira la Capilla de San José, próxima al presbiterio en el lado del evangelio y construida hacia 1540. Estructurada a modo de gran arcosóleo, las jambas del mismo se decoran con los respectivos altorrelieves de san Pablo y San Pedro, mientras la altura correspondiente al arco se decora con dos cariátides, y el conjunto queda rematado por un ático que preside una escultura de la Virgen madre.
Podríamos habernos pasado más horas recorriendo el rico patrimonio baezano, que como hemos dicho, junto con el de Úbeda fueron declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2003.
Pero hay que aprovechar los pocos instantes antes de partir para el almuerzo, al segundo capítulo gastronómico: Las tapas, que también aquí gozan fama. Ir de tapas en Baeza se conoce como “ir a ligar “así que sirva de advertencia cuando lo oigamos. ¿De acuerdo?
Y al fin ya como colofón de esta actividad viajera, nos dirigimos a la localidad de Puente del Obispo, a tiro de bala, un próximo alfoz, o pedanía baezana, donde  en el restaurante  y escuela de hotelería Hacienda de la Laguna, nos sorprende un grato placer gastronómico. Hacienda la Laguna declarada "Bien de Interés Cultural", es hoy una Escuela de Hostelería donde profesionales y alumnos le ofrecen el mejor servicio. Ubicada junto al Paraje Natural Laguna Grande. http://www.ehlaguna.com/hotel/index.php
Un paseo por el museo del olivo pone fin a nuestra estancia en estas queridas tierras.
Regresamos rumbo a la Villa y Corto en torno a las 17,30. Poco después comienzan unas tímidas gotas de lluvia a arañar los cristales de nuestro autocar, gotas que se convertirían en lluvia continua durante las cuatro horas de trayectos, que a la sazón con un reparador descanso somnoliento se nos hizo sumamente corto.
La verdad que debemos realizar alguna visita a nivel individual para poner en práctica nuestro lema de “ver no es conocer”, y así entrar a fondo en estas dos memorables ciudades que cautivan al visitante.

A modo de epilogo.
Aunque lo cierto, según han comentado diversas fuentes a este medio, que de algún modo el turismo rural ha crecido notablemente en la zona, se nota una posible recesión en los últimos tiempos motivada por los consabidos factores que implica la situación actual y que posiblemente tienda a agravarse de seguir esta racha descendente.
Por otra parte, el turismo cultural se ha estancado o repuntado ligeramente en ciertas temporadas.
Hemos notado algunos cambios de conducta tales como en algunos monumentos cobran precios, que pueden considerarse abusivos, de entrada a los mismos máxime cuando la visita no es guiada. (No olvidemos que ver, no es conocer) puesto que no se trata de un monumento patrimonial solamente, lo que implica para el viajero un costo extra de la suma de todos. Se supone que no hay nada gratis, por lo es de sugerir un precio módico de manera simbólica así como eliminar, también en alguno de ellos, esa obsoleta y absurda prohibición de realizar fotografías que tanto perjudica al viajero e informadores, que lo único que consigue es propiciar discusiones en el interior de los templos y de las que los mismos no sacan nada, ni siquiera vender sus imágenes, y que desmotiva de su visita al viajero. Afortunadamente hemos observado que en estas dos ciudades existe buena predisposición y tolerancia.
Nuestro consejo es guardar al menos dos días para dedicar a cada ciudad y realizar las visitas guiadas en profundidad, puesto que cuentan con empresas profesionales y guías de calidad para tal menester.
Un destino para ambas Ciudades y su contorno aledaño recomendado por el Glorioso Mester.


Agradecimientos:
Autocares Cartur
Ayuntamientos de Úbeda y Baeza
Oficinas de Turismo de dichas ciudades
Guías oficiales de Úbeda y Baeza
Hotel Hacienda la Laguna
Hotel Sercotel Rosaleda de Don Pedro (Úbeda)
Y a los amigos viajeros que hemos conocido en nuestra estancia.


Texto y Fotografías. Jesús García y Jiménez


2 comentarios:

  1. Hola a todos.: mi comentario es sencillo.: una visita muy agradable visitando dos ciudades llenas de historia, rodeados de buena compañía y con un tiempo que supo dejarnos pasear por sus calles.
    "La cena estupenda".
    Espero que hasta pronto, un saludo. RRS

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    1. Muchas gracias amigo, cierto que estas dos ciudades bien ganadas tienen la dignidad de Patrimonio de la Humanidad

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