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domingo, 26 de diciembre de 2010

LICENCIADO EN TURISMO Y LA REALIDAD DE LA PROFESION



Mientras mi título de Técnico de Empresas y AA. TT. debe amarillear en el fondo de un cajón de mi escritorio, si es que aún le conservo, todavía sin enmarcar pasados más de 35 años,  veo que los centros oficiales donde se cursa tal menester, no pierden matriculados en contra de los que muchos vaticinaban que era una “carrerita” a extinguir. Hubo un momento para quien queríamos optar  la dirección de un hotel, agencia de viajes etc.;  no teníamos otro remedio que salvar un obstáculo de reválida que cerraba tres años previos de cursos académicos, luego la asignatura hueso: El inglés, materia donde nos cateaban al 85%, y es que vamos a ser realistas, el inglés macarrónico que hablamos generalmente en el sector está a nivel del indio apache en la reserva del gran padre blanco. Y no me parece mal, quien quiera entendernos que hable castellano, decíamos, pero sin serlo se han empeñado en hacerlo el idioma internacional y seguro que lo consiguen. Lo cierto, y a realidad me remito, que ni maldita falta hace la posesión del pergamino oficial de tan ilustre Escuela de Turismo. Entiendasé que estoy generalizando, salvo sean los diferente, que haberlos los hay, entre los cuales tengo el orgullo de tener grandes amigos.
En la vieja guardia del Turismo, una gran parte de directores comenzaron de botones y por necesidades externas poseen título de graduado escolar y eso alguno a duras penas. Y  pocos pasaron por la Escuela de Turismo, es que no saben ni donde está. Era más importante llevar desde los 14 años dinero para el sustento familiar, que “perder el tiempo” en tan notorio centro.

Pero siendo profesiones no colegiadas el título será meritorio y únicamete le servirá para rellenar su curriculum, y más por los tiempos que corren, para optar a una suplencia o contrato de temporada y con un poco de suerte poder entrar cortamente de mileurista a engrosar la plantilla en un mostrador de agencia de viajes o tras el mostrador de recepción en prácticas de un hotel.
Y es tan cierto como la vida misma el tópico de que el habito no hace al monje, dicho título oficial al igual que de otra carrera técnica o superior se tratase, a optar a cualquier tipo de dirección dentro del sector, de entrada, sin haber pasado largas horas tras un mostrador, vendiendo programados, puentes aéreos, billetes de la “Transme” a Ceuta y Baleares, y circuitos por un tubo. O en el otro caso, me refiero al tema hotelero, rellenado más de mil fichas de entradas y desotros necesarios avatares y en los turnos más odiosos que los veteranos tratan de eludir.

Y eso con título oficial, que da lo mismo, que alguno con veteranía probada me llamó a mi trabajo para que le orientara donde estaba Burkina Faso, para los viejos Alto Volta (volta tanto Isabel como Fernando), y claro está si las nociones de geografía fallan en nuestro gremio mejor nos dediquemos a poner una mercería a vender  puntilla de encaje y goma de bragas por metros.
Es que no se puede pedir menos en un País como es nuestra Patria Hispana, llena de carácter elitista gravemente contagiada por un ataque clasista de una hipócrita “titulitis”, hasta para todo, incluida la indigencia. Ya estamos cansados de escuchar de licenciados, desgraciadamente en paro, que por el simple hecho de poseer título, sin ejercer de ello ni colegiarse, se autootorgan la dignidad de arquitecto, ingeniero, abogado…   ¡Que no¡ simplemente licenciado en… lo demás si ejerces luego vendrá, el primer paso está, falta el definitivo: Ejercer de…  Y en el turismo lo mismo y sin necesidad del pergamino  (de momento).

Volviendo al coincidente con nuestro mester, va en aras de lo mismo, el título ayuda pero no es el salvoconducto redentor que te lleva al puesto deseado, años se pasarán batallando mostrador, hojeando manuales, folletos, tecleando terminales hasta que consiguiendo una buena cartera de clientes y manteniendo las obligatorias conexiones y contactos en el sector puedas cotizarte y servir al mejor postor como empleado o “free lance”. O montes tu propio chiringuito, y tengas la suerte que tu mejor cliente no te deje una pella millonaria que te haga cerrarlo.  Lo de las grandes globalizaciones es cosa aparte, van por otros derroteros. Así ha sido y así es el gremio.

Es en síntesis la realidad al desnudo, pero con un beneficio envidiado por la mayoría de los mortales, poder y haber podido conocer lugares que en otro menester hubiera sido imposible, además gratuitamente, aunque luego seamos incapaces de identificarlos sobre el mapa.
Lo cierto, y eso lo reconocemos a golpe de pecho, que nuestro gremio ha estado alimentado de gramática parda y nulos conocimientos culturales, incluyendo a poseedores de tan renombrado pergamino, entre los que me incluyo solidariamente.

Otro sambenito tilda de cierta estrechez de bolsillo al técnico en Turismo, y es que sobran probados razonamientos. Recuerdo una anécdota referida hace mucho tiempo por mi gran amigo, el desaparecido periodista Tanis Bernad, y doblemente colega por haber compartido lugar de trabajo en la dirección de Comunicación de Iberia LAE. y en los avatares de la prensa turística, este ejemplo ponía en la barra de un bar tomando unos vinos a un periodista, un cura y un agente de viajes; la pregunta era ¿Quién paga la ronda? Respuesta: ¡El camarero!
Bueno colegas y amigos, no ha sido mi intención "daros caña", pero así al menos han sido las cosas, y no solo hay que publicar elogios, nos favorecen mas las realidades que construir mentira sobre mentira.

1 comentario:

  1. Una verdad como una catedral de grande
    Juan Carlos

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