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lunes, 27 de diciembre de 2010

Siurana, último enclave andalusí en tierras catalanas - Por Jesús ávila Granados / Glorioso Mester


Artículo publicado en la Gloriosa Gaceta del Mester, suplemento extraordinario Diciembre 2010

Coronando una empinada cresta montañosa, donde sólo se atreven a llegar las águilas, y en medio de uno de los parajes naturales de más impresionante belleza de la geografía hispana, se alza Siurana, último reducto andalusí en tierras catalanas, donde se dieron cita, además,  judíos y templarios, cátaros e inquisidores, en una sorprendente historia que está envuelta en sobrecogedoras leyendas.
Siurana, último enclave andalusí en tierras catalanas 
Por Jesús Ávila Granados

E
n el interior de la provincia de Tarragona, al nordeste de la comarca del Priorat –famosa por sus preciados vinos-, se encuentra Siurana, a donde es fácil llegar desde la villa de Cornudella; después, una carretera de reciente creación, nos lleva en acusada subida, a través de profundos barrancos, hasta la cima. Es fácil tener la tentación de parar el vehículo en varios momentos de la conducción, atraídos por la singular belleza de un paraje en superlativo, de espesos robledales y pinares y desfiladeros de vértigo, que se hacen todavía más impresionantes a medida que vamos ascendiendo. Una vez arriba, sobre la sierra de la Gritella, a 758 metros de altura, quedamos extasiados al contemplar las espectaculares  montañas de Prades, al este, y las estribaciones orientales de la Serra del Montsant, a poniente. El lugar reviste todos los atractivos inimaginables, convirtiéndose en un verdadero santuario para los amantes de la Naturaleza, el senderismo y el arte, por encima del tiempo, el espacio y la historia; sí, porque también la historia, y las leyendas, forman parte de este  singular escenario, al que, como se dice de San Andrés de Teixido, en la costa atlántica de Galicia, hay que ir al menos una vez en la vida.
Colosales contrafuertes
El pueblo de Siurana se ha mantenido inalterable a pesar de los siglos transcurridos, como una estampa medieval, cuyos habitantes han logrado conservar con el mayor respeto. El coche hay que dejarlo a la entrada, en una agradable plaza arbolada; y después, a pie, como mandan los cánones, iniciamos el descubrimiento de uno de los espectáculos culturales más apasionantes y desconocidos de nuestro país.
A pesar de tratarse de un enclave diseñado sobre una plataforma que desafía el espacio circundante, los cimientos de la alcazaba andalusí arrancan sobre la verticalidad de la roca viva; esto y la grandiosidad espacial del recinto le confieren todavía mayor consistencia a este baluarte aéreo.
Poderosos lienzos de murallas se abren a nuestro paso, realizados con roca del lugar y la intersección de fragmentos de cerámica –tradicional de las realizaciones hispano-musulmanas, para darle una mayor estabilidad a la construcción-, a través de un agradable sendero, que, al ir recorriendo y mirando al espacio, parece como si estuviésemos flotando sobre una nube, porque todo cuanto nos envuelve es aire, cielo, espacio…; para ver el resto de nuestro entorno, es preciso dirigir la mirada hacia abajo, y es cuando el vértigo puede causar malas pasadas para quien lo padece. Pero no hay tiempo para eso; nuestro instinto está en desvelar el resto de este singular escenario. Pero antes, es preciso recordar algunos de sus momentos históricos más sorprendentes.
La iglesia románica se alza sobre los restos de la anterior Mezquita, al borde del abismo.
Una historia apasionante
Las primeras referencias islámicas de este lugar se remontan al año 714, cuando el general musulmán Musa ibn Musayr conquistó a los visigodos todo el valle inferior del Ebro. Y Siurana, gracias a su singular emplazamiento, no tardaría en constituirse en un sólido bastión, desde cuya alcazaba aérea establecer un control sobre un amplio territorio que comprendía gran parte de la actual comarca del Priorat, hasta la villa de García (Ribera d’Ebre), incluyendo, incluso, pueblos del Baix Camp, como Prades. Todo ello, en la actual provincia de Tarragona.
Durante 439 años, los andalusíes habían establecido un orden socio-cultural verdaderamente ejemplar: aceite, pan, vidrio soplado…, se elaboraban en la almazara, la tahona y horno, respectivamente; además de trabajarse la tierra con la destreza de verdaderos jardineros del paisaje, como fueron los andalusíes, que convertían las tierras yermas en fértiles huertas, y los árboles frutales conquistaban las laderas de las montañas… En este grado de bienestar estaba Siurana, cuando, en la primavera de 1153, los ejércitos del conde barcelonés Ramón Berenguer IV (1131-1162), deciden poder sitio a este estratégico ‘nido de águilas’.

Había transcurrido un lustro de la caída de la poderosa “Tortuxa” –la ciudad de Tortosa-, joya andalusí sobre el curso inferior del Ebro, y cuatro años de la conquista de la ciudad de Lérida (Lleida), y, asombrosamente, este pequeño, pero estratégico reducto aéreo, seguía firme, más cerca del cielo que de la tierra, desafiando desde las alturas cualquier intento de conquista. Pero la situación en Siurana se iba poniendo cada vez más insostenible; a pesar de disponer sus habitantes de toda clase de alimentos frescos y agua potable, que se obtenían a través de las galerías subterráneas que, desde el baluarte superior, descendían hasta el lecho inferior del río. El día 29 de abril de aquel año se iniciaba el asedio cristiano a la plaza. El walí –gobernador- andalusí de Siurana, Almira Almemoniz, mandó a sus soldados una lucha sin cuartel; la defensa del último baluarte sorprendió a los atacantes, y, finalmente, para evitar un mayor derramamiento de sangre, en ambos bandos, el 9 de mayo siguiente, el comendador templario Pere de Rovira, logra establecer un acuerdo con el máximo responsable del baluarte, y Siurana exhibe sobre la torre más alta de la alcazaba la bandera blanca, y abre sus puertas a los cristianos, a cambio de respetar la vida de sus heroicos defensores. Después, por orden de Ramón Berenguer IV, la plaza fue entregada a Bertrán de Castellet, señor de Reus, mientras que el Temple, como se acordó con los reyes de Aragón, recibió la quinta parte de Siurana y su extenso territorio.
La rosa secifolia, la más sagrada para los celtas, y recuperada por los templarios, está grabada en esta estela discoidal del cementerio medieval de Siurana.
Una década después, se produjo una curiosa anécdota que sorprendería a todo el mundo medieval, recogida por los cronistas de la época, pero que, lamentablemente, no ha tenido repercusión en la mayoría de nuestros libros de historia. Y es que Almemoniz, el walí de Siurana, que residía en Valencia, en cuya ciudad se había instalado con su corte, no dudó en volver a su querida población, a petición del propio conde de Barcelona, porque los nuevos señores de la plaza y de este territorio, no terminaban de ponerse de acuerdo a la hora de repartir equitativamente las tierras; además, los cristianos viejos no entendían de agricultura, ni de apicultura, y menos de elaboraciones de aceites u obtenciones de tintes naturales, el horno de fundición de cristal soplado también estaba olvidado…; y tuvo que decidir de nuevo Almemoniz en la concesión de estos oficios, en expertos artesanos andalusíes, muy a su pesar para los cristianos; difícil tarea, que sólo pudo establecerse con la atenta y severa vigilancia de los templarios, garantes de un equilibrio y respeto intercultural. El walí, tras culminar su valiosa intervención, regresó a Valencia con su familia y corte.
Fue en este esplendoroso período para la historia de Siurana, cuando a este seguro baluarte llegaron algunos colectivos de cátaros, procedentes del Languedoc, huyendo de las masacres de los cruzados, primero, y de las hogueras inquisitoriales, después; estas familias, en precarias condiciones, fueron acogidas por los templarios, ofreciendo su mejor valor: el trabajo, y la experiencia en un campo desconocido: la industria del tejido, con telares manuales. No disponemos de mucha información sobre este período, pero sí de testimonios arquitectónicos y, sobre todo escultóricos, que se manifiestan en numerosas estelas discoidales, que evocan los últimos restos de las personas allí enterradas, con estrellas de doce puntas, y, sobre todo, el singular Cristo, sin cruz, que domina el corazón del tímpano de la iglesia parroquial, obra románica, alzada sobre la mezquita andalusí, como manifestación de la nueva religión dominante en este baluarte. Este Cristo fue realizado por escultores occitanos, pero con la picardía de no demostrar su condición de cátaro a los ojos de las autoridades cristianas; incluso logró pasar desapercibido a los esbirros del Santo Oficio; y los fieles cristianos accedían a una iglesia, que fue antes mezquita islámica, para rendir culto en su altar mayor a una imagen templaria: la virgen negra de Nuestra Señora del Agua, tras haber accedido por una puerta bendecida por un Cristo cátaro… Llama la atención, además, que en la explanada que precede a la fachada meridional de la iglesia, que se corresponde con el camposanto medieval del Siurana cristiano, reposen cátaros y templarios, como lo confirman la identidad de las estelas conservadas; también vemos algunas rosas sexifolias (estrellas de seis puntas, inscritas dentro de un símbolo solar, de origen celta, símbolo reutilizado por los templarios como elemento protector del lugar y, al mismo tiempo, señal de acogida a los extraños).
 
Lienzos derruidos de la alcazaba andalusí, que más tarde alojaron a una cárcel de alta seguridad
Leyendas sobrecogedoras
Al recorrer la plataforma más elevada, en el interior de lo que fue el patio de armas de la alcazaba, donde quedan restos de antiguos aljibes, nos viene a la memoria una leyenda que sigue flotando en el espíritu de este enclave, y que los mayores del lugar  durante los largos meses del invierno recuerdan a sus nietos en las viviendas de las casas, mientras desgranan panochas de maíz frente al fuego de las chimeneas. Se dice que la hermosa Abdelazia, hija de Almira Almemoniz, al tener noticia del acuerdo establecido por su padre con los cristianos, de la entrega del baluarte, no duda en montar en su blanco corcel, lanzándose a galope hacia el abismo; el caballo, de la más pura raza árabe, cuenta la tradición popular, en un frenético intento por detener su carrera, dejó su herradura grabada en la roca, instantes antes de precipitarse con la joven en el profundo precipicio; los restos de Abdelazia fueron recogidos del fondo del barranco de l’Estopinyà, y colocados posteriormente en el sarcófago de piedra que todavía se haya adosado en el extremo de la fachada de la iglesia románica, junto al ábside.
También conocemos otra leyenda, no menos interesante, que la tradición popular ha transmitido generacionalmente.
Se dice que los cristianos lograron ascender hasta los mismos muros del baluarte superior de la alcazaba, en tan pocas jornadas, gracias a la intervención de un acomodado judío, que residía dentro del pueblo, a cambio de que los sitiadores respetasen sus propiedades. Pero, una vez establecido el pacto de la rendición final de la plaza, los nuevos señores del lugar se olvidaron del compromiso adquirido con el judío, y éste no tardaría en maldecir a los cristianos. Una roca, con perfil típicamente hebreo domina el sector más elevado del barranco, recordando, según las gentes del lugar, aquel episodio de la historia de Siurana.
La historia negra
Tras la pérdida de control de los caballeros templarios sobre Siurana, a finales del siglo XIII, un nuevo orden se establece en esta estratégica plaza, aislada del mundo, y los colectivos “heréticos” (hispano-musulmanes, judíos y cátaros) son puestos en el punto de mira de la Inquisición. Los sótanos de la antigua alcazaba, antes almacenes de alimentos y cuadras, fueron convertidos en lóbregas mazmorras, y sus húmedas y terroríficas estancias en prisión de alta seguridad, a donde verían el final de sus desdichadas vidas numerosas personas, también aquellas que molestaban a los regímenes gobernantes; entre los inquilinos más célebres de estos antros, debemos citar a un monarca francés de la dinastía Anjou, Carlos II de Nápoles, “el Cojo” (1254-1309), quien, tras la victoria de la escuadra aragonesa de Roger de Llúria sobre los franceses en el golfo de Nápoles (5 de junio de 1284), fue conducido y recluido en Siurana, en cuyas mazmorras permanecería preso hasta su coronación en Rieti, fruto de los tratados de Olorón y Canfranc (Huesca), el 29 de mayo de 1289, como rey de Sicilia. Uno de sus trece hijos, Luis de Anjou (1275-1297, quien renunció a sus derechos dinásticos para convertirse en monje franciscano, estando preso en Siurana en 1296, recibió la noticia de su nombramiento como obispo de la ciudad de Tolosa (Languedoc), en carta escrita personalmente por el pontífice Bonifacio VIII, quien también protagonizó su canonización.
Vista frontal del tímpano de la iglesia, donde podemos ver un Cristo bogomilo (cátaro) dominando la escena.
Una moderna carretera, a modo de serpiente de asfalto, se abre paso entre estas colosales montañas, para alcanzar la cima, sobre la cual se alza Siurana.

Los tiempos modernos
El papa Inocencio XI (1676-1689), en 1682 declaró a Siurana lugar de Jubileo; hecho que motivó una constante peregrinación a la iglesia románica, en cuyo altar se rinde culto a la Mare de Déu de l’Áigua (Nuestra Señora del Agua), una hermosa imagen negra, relacionada con los templarios, a la que las gentes de estos contornos elevan sus rezos para pedir la lluvia, vital para las tierras de cultivo; tradición que se mantiene todavía, celebrándose todos los 9 de mayo.
Siurana fue declarado en 1961 “Paraje Histórico”; con lo cual se dio un paso importante hacia la conservación del conjunto monumental, así como a toda su vasta área de protección. Veinte años después, por Real decreto, se constituyó un patronato que cedió su protagonismo al Ministerio de Cultura, y luego a la Generalitat de Catalunya.
Siurana ha sido fuente permanente de inspiración de poetas y literatos; entre los cuales, debemos citar a Joan Sales, escritor y editor, quien, por decisión propia, está enterrado en el pequeño cementerio próximo a la iglesia. Josep Iglésies y Joaquim Santasusagna, en 1929, describieron de este modo a Siurana: “…minúscula población de 160 habitantes, a 758 metros de altitud. Alcanzó una extraordinaria importancia durante la dominación andalusí. Fue cabeza y residencia de un walí. Su situación es, además, magnífica. La Serra de la Gritella se constituye en una lanza de montaña que avanza hacia dentro del Priorat, contorneada por un arrogante conjunto de desfiladeros. Siurana es la proa de este enorme navío de roca y edificaciones militares, herméticamente envueltas por un abismo de vértigo. El citado castillo hispano-musulmán, muy famoso en época pasadas, está emplazado en el mismo espacio más estrecho de la cresta de la montaña, obstruyendo el paso hacia el resto, convirtiéndose así en una magnífica fortaleza natural…”.
Siurana en la actualidad, con un censo de 12 personas, es un núcleo adscrito a Cornudella de Montsant. Allí arriba, lejos de cualquier parte, la historia se confunde con las leyendas y el embrujo de los espíritus del pasado flotan en una atmósfera que sobrecoge el ánimo; meta permanente de numerosos grupos de excursionistas y escaladores, y también de poetas, literatos y pintores; un altar de raíces celtas dedicado a la cultura, donde lo mejor de la civilización andalusí alcanzó su mayor esplendor en tierras catalanas, por encima del tiempo, el espacio y la historia.
Panorámica de la iglesia, desde los restos de la alcazaba superior; al fondo, la inmensidad del Priorat
Abandonamos este sobrecoger escenario al atardecer, cuando los rayos del crepúsculo ponen una nota de color y silencio; el drama de un pasado nebuloso se desdibuja en el ambiente, mientras contemplamos absortos, rodeadas de colosales cumbres, en un espacio más aéreo que terrenal, el misterio de un tímpano cátaro, la arrogancia de unos muros de origen andalusí y la sensación de sentirnos amparados por una virgen templaria.

Texto y fotos:
Jesús Ávila Granados
26 de Noviembre de 2010
(www.jag.es.vg)
 Los siguientes vídeos que aparecen, no han sido realizados ni pertenecen a la colección del Glorioso Mester. Su publicación en este Blog obedece a implementar este artículo, y utilizároslos de modo promocional del lugar, sin ánimo lucrativo, por lo que no respondemos de su calidad. Fuente YouTube






















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